Por: Mario Gutiérrez
Respira hondo. Vamos a hablar del arte, pero no del tipo que encuentras en una galería. No, hoy te quiero contar sobre algo más asombroso, más salvaje. Algo que nos recuerda que el arte no es solo humano, sino una manifestación natural del universo.
¿Conoces al Torquigener? Este pez globo, habitante de las aguas japonesas, crea intrincados patrones circulares en la arena del fondo marino para atraer pareja. Sí, has leído bien, ¡un pez que dibuja mandalas submarinas! Con sus pequeñas aletas, este artista acuático moldea la arena en una perfecta simetría, con tanto detalle que parece un diseño hecho por un arquitecto marino. ¡Y todo esto para conquistar a una hembra! No es solo funcional, es puro arte.
Pero Torquigener no está solo en este club de animales artistas. Las aves también tienen su toque creativo. Tomemos al ave jardinería, que construye elaborados refugios decorados con objetos brillantes y coloridos para atraer pareja. Lo impresionante aquí es que los colores, las formas y la disposición de los elementos son seleccionados cuidadosamente. Es como si cada pájaro fuera un artista conceptual con una exposición a cielo abierto. También están las telas de araña, que son más que simples trampas, son verdaderas obras de ingeniería y diseño.
Todo esto nos lleva a una verdad sencilla: el arte está en todas partes. No es un lujo exclusivo del ser humano, es una necesidad de expresión que está impresa en la naturaleza misma. Los animales crean, al igual que nosotros, por supervivencia, por belleza, por instinto. Y ese instinto está profundamente conectado con nosotros.
Ahora, ¿por qué te cuento esto? Porque como artista (y amantes del arte), a veces nos encontramos atrapados en la idea de que el arte debe ser complicado, académico o técnico. Pero estos animales nos enseñan que el arte es esencialmente natural, es parte de la vida, y no tiene que ser sofisticado para tener un impacto. Una telaraña, un dibujo en la arena o una escultura de hojas creada por el viento también son formas de arte, vivas y hermosas.
El arte no tiene que ser perfecto, tiene que ser auténtico. Y eso es lo que deberíamos buscar como creadores: la autenticidad. Crear desde el corazón, desde ese impulso natural que tenemos, como el Torquigener que se deja llevar por el deseo de atraer a su pareja.
Cuando creamos arte, no solo añadimos belleza al mundo, también conectamos con algo mayor, algo ancestral. En un mundo que muchas veces parece desconectado de la naturaleza, el arte puede ser un puente para recordarnos esa conexión. Es la manera de volver a lo esencial, a lo que somos.
Entonces, la próxima vez que dudes de tu obra o te sientas desconectado, piensa en esos animales. En cómo ellos, sin saberlo, están haciendo lo mismo que tú: dejar una marca en el mundo. Y eso es lo que importa.
Así que sigue creando. Deja que la naturaleza, tu naturaleza, guíe tu mano. El arte no solo es importante para la vida, es la vida misma. Y tú, como artista, eres parte de ese ciclo eterno de creación. Y cuando alguien adquiera una de tus obras, no solo estará comprando arte, estará llevándose un pedazo de esa conexión profunda con lo que nos hace humanos, y al mismo tiempo, parte del todo.
Respira, crea, y deja que tu arte hable por sí mismo.

